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Correr mucho no significa avanzar

✨ El mercado del arte tiene sus propios ritmos y, además, no siempre premia la velocidad.

En la trayectoria profesional de un artista visual existe una tentación bastante humana que es querer llegar cuanto antes.

Tener exposiciones, conseguir galerías, vender obra, aparecer en ferias, acumular seguidores, recibir invitaciones…

Todo parece urgente.

Y cuando el mercado del arte transmite esa sensación de que quien no se mueve desaparece, resulta fácil confundir actividad con progreso.

Pero, correr mucho no significa necesariamente avanzar.

Un artista puede pasar meses enviando dossiers, participando en convocatorias, publicando constantemente en redes y buscando nuevas oportunidades, mientras apenas dedica tiempo a profundizar en aquello que realmente debería sostener su trayectoria:

su obra, su lenguaje, su discurso y su identidad artística.

El problema no está en moverse.
Está en hacerlo sin saber hacia dónde.

El mercado del arte tiene sus propios ritmos y, además, no siempre premia la velocidad.

Una trayectoria sólida suele necesitar tiempo para que una propuesta madure, para que el artista descubra qué quiere decir y para que su trabajo consiga cierta coherencia.

Hay carreras que avanzan lentamente, casi en silencio, mientras otras parecen despegar con una velocidad espectacular y después se desinflan con la misma rapidez.

El mercado, como suele ocurrir con las cosas humanas, tiene bastante afición por las apariencias.

Avanzar significa construir.

Significa que cada exposición, contacto, venta, colaboración o publicación contribuya a una dirección reconocible.

No se trata de estar permanentemente ocupado, sino de conseguir que lo que haces tenga sentido dentro de tu proyecto profesional.

Por eso, quizá convenga sustituir la obsesión por llegar por una pregunta mucho más útil:

¿lo que estoy haciendo me acerca realmente al artista que quiero llegar a ser?

A veces, avanzar consiste precisamente en detenerse, mirar lo construido y corregir el rumbo.

Porque en arte, como en la vida, también se puede correr en círculos… sin llegar a ninguna parte.